viernes, 2 de agosto de 2013

El claro ejemplo de por qué la ley electoral no funciona.



Garínoain es un pueblo de Navarra con poco más de 500 habitantes. Hasta las elecciones de 2011, las 3 últimas legislaturas gobernó el pueblo una “agrupación de electores”.

En 2011, poco antes de las elecciones municipales, se crea el partido “Derecha Navarra y Española”. En Garínoain ningún partido había presentado candidatura, pero ellos, partido creado unos meses antes, se presentan de repente sin que apenas el pueblo se entere.

Una vez enterados, el pueblo ya no tiene tiempo de organizarse. Solo queda esperar las elecciones. Que llegan y se saldan con 18 votos a favor de este partido, 305 votos en blanco y 5 votos nulos. Los ciudadanos contrarios al partido solo podían hacer 3 cosas: votar en blanco, nulo o abstenerse. Y ninguno de esos votos les daba voz democrática.

La única forma de haber evitado que gobernaran, era que el partido no hubiera conseguido el 5% de los votos válidos (que son los votos que van a alguna candidatura, más el voto en blanco, sin contar abstención ni nulos). Es decir, el voto en blanco solo se tomaría en consideración, cuando sea capaz de superar el 95%. Pero el voto en blanco solo pudo llegar al 94,43%, permitiendo que el partido obtuviera más del 5% y fuera declarado ganador de las elecciones.

Los ciudadanos han recurrido las elecciones tres veces, pero las tres veces la justicia les ha quitado la razón. Porque las elecciones se han ganado con todas las de la ley; porque, obviamente, la ley está mal hecha; aunque más del 90% de los ciudadanos esté en contra de este partido, el partido es el que gestiona los recursos del pueblo. Un gobierno cuyos concejales ni siquiera residen en el pueblo que gobiernan, y organizan plenos el mínimo que exige la ley, una vez cada tres meses, para aprobar en algunos casos medidas ideológicas de extrema derecha (una de las primeras, declarar personas non gratas a concejales nacionalistas de ayuntamientos catalanes).

Y eso es lo que en este país llaman democracia. Cualquiera diría que es un pequeño ejemplo, una excepción. Pero la realidad es que no es un pequeño ejemplo, es el ejemplo perfecto de cómo funciona la democracia en este país, en el que si estás en contra de todas las opciones propuestas, entonces estás fuera de la democracia, tu voto no vale.

Con este ejemplo, expresado en pequeñas cantidades, se ve claramente cómo funciona la democracia española. A nivel nacional, regional y en municipios medianos o grandes, los votos se cuentan por miles y es más difícil ver el problema. Pero está ahí, escondido. Y es un problema que protegen esos dos grandes defensores de la democracia, PP y PSOE, que una y otra vez han bloqueado reformas de la ley electoral propuestas por partidos minoritarios.

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