lunes, 12 de agosto de 2013

Juventud: esa ramera despiadada


La juventud es a ojos de un gobernante un instrumento a utilizar políticamente. Normalmente no suele pasar de eso, y la prueba reside en la forma en la que se da, o más bien se impide a la juventud su voz en la sociedad.

Hasta ahora teníamos un Consejo de la Juventud independiente, formado por jóvenes y para jóvenes, que, como siempre ha hecho, defendía los intereses de la juventud; lo que le ha llevado, sobre todo en los últimos años, a ser bastante crítico con los dos últimos gobiernos, ya que han mostrado bastante pasividad con respecto al desempleo juvenil e incluso han llevado a cabo medidas que promovían una mayor precariedad laboral de la que ya de por sí había en la juventud.

Ahora, el Consejo de la Juventud pasa a ser un órgano completamente dependiente de la Administración. ¿Qué significa esto? Pues que pasa a ser un nuevo elemento de propaganda política. Papá Estado pasa a tener, de la noche a la mañana, una nueva organización juvenil política, del estilo de las Juventudes Socialistas, las Nuevas Generaciones del Partido Popular o el Área de Juventud de Izquierda Unida.

Porque ya sabemos lo que pasa; se ve cada día en la televisión pública. Cuando cambia el color del gobierno, cambia la forma en la que se presentan las noticias; porque la televisión está controlada por los partidos, y no por personas independientes.

Ahora, el Consejo de la Juventud pasa a estar controlado por los partidos, así que sus decisiones pasan a estar en consonancia con las de dichos partidos, por tanto, la utilidad de este organismo pasa a ser nula. Pasa de ser un organismo útil para la juventud a ser otro chiringuito más al servicio de la política.

Medidas para apoyar a la juventud hay muchas. Pero por algunas razones incomprensibles no se llegan a reproducir en hechos reales. Por ejemplo, para empezar, a un partido político se le debería obligar a que en sus filas hubiera un porcentaje determinado de menores de 30 años. Cualquiera pensaría que esa discriminación positiva sería una locura, pero, ¿no se hace acaso ya eso? La ley de paridad electoral obliga a un partido a sobrepasar un porcentaje mínimo de mujeres, ¿Por qué no se hace lo mismo con la juventud? Si la ley de paridad se hace con el afán de apoyar un sector poco reconocido, ¿por qué no se hace lo mismo con el resto de sectores que están en las mismas condiciones?

Pero claro, los jóvenes quedan más bonitos con la boca cerrada. Por eso se cierran los pocos organismos que realmente luchan por los derechos de la juventud. O más bien se transforman en instrumentos más manejables.

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